En la actualidad se está librando una guerra de titanes, principalmente en Siria

George Corm
El historiador y economista especializado en el mundo árabe analiza los riesgos de una intervención armada en la región, el papel de las diferentes potencias como Arabia Saudí, Israel e Irán y el juego de las alianzas.
¿Qué impacto puede tener una intervención en Siria aunque se presente como rápida y corta?
En realidad no podemos saberlo ya que dependerá de la dimensión del ataque. Si es corto, en principio puede pasar sin que haya una respuesta que podría degenerar en enfrentamientos más amplios. Por el contrario, si el ataque es devastador en términos de vidas humanas, lo que es muy posible a la vista de la concentración de fuerzas militares con gran poder de destrucción, no sabemos qué podría pasar. Por otra parte el régimen podría resultar reforzado, al contrario del objetivo buscado.
Diez años después de Irak y ante semejante fracaso, ¿por qué las potencias del Norte (Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá…) están dispuestas a arriesgarse otra vez en una guerra en la región?
El Occidente político liderado por Estados Unidos está preso de una fiebre bélica asombrosa desde la caída de la Unión Soviética que le hace invadir o despedazar países soberanos con un ansia insaciable y la farsa de los selectivos argumentos morales o de defensa de los derechos humanos. Es un fenómeno muy poco estudiado.
¿La coalición de guerra formada por los presidentes de EE.UU., Francia y el Reino Unido puede explicarse por su alianza con los Emiratos?
No. La coalición de guerra no se debe a una nueva alianza con las monarquías y los principados de la península Arábiga exportadores de petróleo. Existe desde el final de la Primera Guerra Mundial. Pero el flujo de petrodólares influye desde hace mucho tiempo en la opinión y en una parte de las élites políticas europeas, así como en los medios de comunicación. Arabia Saudí e Israel son los dos principales Estados clientes de Estados Unidos. Ambos están en el origen de las desestabilizaciones de la región: Israel por su incesante colonización de lo que queda de los territorios palestinos. Y Arabia Saudí por la formación de imanes wahabíes que exportan la forma más extrema del rigor islámico en el mundo musulmán. De esta forma los dos grandes aliados de Estados Unidos suministran el pretexto de las intervenciones. También podemos añadir a Pakistán, cuyo ejército y servicios secretos están próximos a los talibanes.
¿El riesgo regional es todavía mayor para los países como Irak y Líbano con la reanudación de los atentados en Trípoli y en Beirut?
En el caso de Irak, los atentados mortales que apuntan a casi todos los barrios urbanos chiíes no hacen más que aumentar sin que el Gobierno tenga medios para acabar con ellos. En Líbano, el fenómeno del «takfirismo» (1) es relativamente reciente y se ha extendido mucho desde la crisis siria, a la que está vinculado. En los dos casos da la impresión de una guerra entre suníes y chiíes que en realidad oculta la guerra entre dos ejes geopolíticos: Por una parte el que defiende la preponderancia de Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí y Turquía en Oriente Medio, y por el otro lado el que está en contra de esa preponderancia que en la actualidad agrupa a Irán, Rusia, China, el régimen sirio y el Hizbulá libanés y sus aliados locales que se reclutan en todas las comunidades libanesas. En la actualidad se libra una guerra de titanes, principalmente en Siria y de manera accesoria en Irak y Líbano.
¿La utilización sistemática de la guerra empuja a nuevas guerras frías y a una estrategia de bloque contra bloque como en tiempos de la URSS?
Por supuesto. Hemos vuelto al equivalente de una guerra fría con numerosos puntos o abscesos de fijación cada vez más calientes y la cuestión iraní puede derrapar en cualquier momento como la de Siria. Al otro lado del mundo, en el Extremo Oriente, la afirmación del poder chino endurece las posiciones japonesas. Pero en realidad es el ardor guerrero occidental el que hay que analizar y apaciguar. Recordemos a los millones de europeos que se manifestaron contra la invasión de Irak sin que eso influyera en la decisión estadounidense. Por lo tanto Europa está totalmente «atlantizada» u «otanizada» en cuanto a su política exterior desde la última oposición de Francia, Alemania y Bélgica a la decisión estadounidense de invadir Irak. Aquél fue un fugaz destello de independencia frente a Estados Unidos.

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