La estrategia del caos - Intervención militar en Siria

En estos días se está dando la matraca a la opinión pública con vistas a una intervención militar en Siria. Esta intervención ya llevaba mucho tiempo en el aire. La pregunta es saber por qué llega en este momento y, sobre todo, cuál es su objetivo. Marc Vandepitte trata de responder.
Crónica de una intervención anunciada
La estrategia elaborada con vistas a la intervención en Siria era previsible y, en realidad, conocida. Ya en abril de 2012 un alto consejero de Tony Blair indicaba la receta de esta intervención. Era importante que el ejército o el gobierno sobrepasaran un límite que fuera intolerable para la opinión pública extranjera. Cuatro meses después, en agosto de 2012, Obama indicaba cuál sería este límite: el uso de armas químicas o biológicas.
La amenaza se esgrimió con la regularidad de un metrónomo, pero nunca se concretizó. A mediados de junio Washington afirmaba por primera vez disponer de pruebas de que el ejército sirio había utilizado armas químicas. Basándose en esta supuesta prueba (que no apareció nunca) se prometió a los rebeldes un apoyo militar más importante.
Hoy no existen más pruebas y se puede dudar de que el ejército sirio haya realizado un ataque químico. Stratfor, un grupo de reflexión y de información privado muy cercano al establishmentestadounidense, declara al respecto: “Assad es un hombre despiadado. No dudaría en utilizar armas químicas si fuera necesario. Pero también es un hombre muy racional. Utilizaría las armas químicas únicamente si fuera la única opción que le quedara. En este momento resulta difícil ver qué situación desesperada le habría empujado a utilizar armas químicas y a arriesgarse a lo peor. Sus adversarios son igual de despiadados y se puede imaginar que utilicen armas químicas para forzar a Estados Unidos a intervenir y a derrocar a Assad. […] Es posible que la cantidad de víctimas sea muy inferior a la que se ha afirmado. Y es posible que se hayan falsificado algunas imágenes. Todo eso es posible, pero ignoramos simple y llanamente cuál es la verdad”.
Evidentemente, Estados Unidos todavía aportará pruebas. Pero después de las “sólidas pruebas” de armas de destrucción masiva en el Iraq de Saddam Hussein, sabemos cuál es la credibilidad de la Casa Blanca en este dominio.
Las razones de la intervención
La cuestión no es saber si se está preparando una intervención armada, puesto que ya existe desde hace tiempo. Desde que empezó la guerra civil, Estados Unidos está sobre el terreno con unas Unidades Especiales, lo mismo que ocurrió en Libia. Estas Unidades Especiales adiestran a los rebeldes, les suministran apoyo logístico, vigilan las entregas de armas de Qatar y de Arabia Saudí, y posiblemente preparan una intervención o unos bombardeos a gran escala.
Es poco probable la intervención de tropas de tierra; si hubiera sido una opción ya se habría hecho hace tiempo. El Pentágono es perfectamente consciente de que el ejército sirio es un enemigo temible y de que sería inconcebible un nuevo fracaso después de Afganistán e Iraq.
Más bien parece que se tratará de un ataque con misiles, supuestamente para castigar al ejército sirio por haber empleado armas químicas, para prevenir que se repita en el futuro. Otro objetivo sería destruir el arsenal de armas químicas.
Todo esto parece poco convincente. La formulación de estos objetivos debe servir para engatusar a la opinión pública y para legitimar una entrada en escena militar. Las verdaderas razones de la operación militar hay que buscarlas más bien en las últimas evoluciones de la guerra civil. Hay dos cosas importantes: por una parte, la nueva relación de fuerzas entre el ejército y los rebeldes, y, por otra, la evolución de la relación de fuerzas en el seno de las milicias.
Empecemos por el segundo punto. Los yihadistas van prevaleciendo en el seno de las milicias. Las milicias más “eficaces” están actualmente vinculadas a Al-Qaeda. Por consiguiente, si se expulsa a Assad del poder, Siria corre peligro de caer en manos de un régimen yihadista ultra-radical. Estados Unidos y más aún el vecino Israel excluyen esta opción. Esto significa que para Washington, Assad es actualmente el mal menor y que no es deseable su liquidación en las circunstancias actuales. Pero esto no quiere decir que quieran dejar a Assad actuar como desee, por el contrario.
Esto nos lleva a la segunda razón. Con el apoyo de Irán y de Hizbolá el ejército sirio ha ganado mucho terreno a las milicias en estos últimos meses. Esta progresión no ha terminado y parece que el ejército sirio ha cobrado nuevo impulso. Esta es la razón por la que Obama empezó a hablar de armas químicas ya desde principios de junio junto con la promesa de proporcionar a las milicias armas más pesadas y en mayor cantidad.
Es poco probable que Assad pueda dar el golpe definitivo contra las milicias a corto plazo, pero su posición no está menos reforzada y la tendencia parece mantenerse. Por consiguiente, en unas posibles conversaciones de paz Assad podría hacer inclinar la balanza a su favor. A Estados Unidos no le gusta esto. Puede que tolere a Assad como el mal menor, pero desde luego no como el más fuerte. Así, los bombardeos no están destinados a aplastar al ejército sirio sino más bien a debilitarlo lo suficiente.
El fracaso de las guerras en Iraq y Afganistán demuestra claramente que Estados Unidos ahora ya no es capaz de modelar Oriente Próximo a su manera. Como corre peligro de perder cada vez más su influencia, razona en los siguientes términos: “si no puedo controlarlo yo mismo, entonces nadie más puede”. Esta es la razón por la que se puede calificar de estrategia del caos.
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